Zona 3- Guatemala City, Guatemala 

Zona 3- Guatemala City, Guatemala  (Salmo 34:1-9,14-18)

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Fijando nuestra mirada en el rostro durmiente de Cristo en tiempos de prueba

Posted by danaduanecraft on April 4, 2016 at 11:25 PM


“…Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” Marcos 4:38

El Señor nos da nuestro pan diario cada día (Mt. 6:11) y muy raramente nos provee para el pan de mañana el día de hoy (Ex 16:16-21). Pareciera que Nuestro maravilloso Señor aplica la misma “metodología” cuando contesta nuestras oraciones personales. Adicionalmente, pareciere que entre más urgente es nuestra petición, su provisión viene en la forma más lenta y tarde posible. Pero de todas maneras, El siempre provee nuestras necesidades, incluso en las ocasiones cuando no estamos seguros de algo y cuando más nos quejamos (Ex. 16:2).

Esta fidelidad ha sido recientemente revelada con total claridad, al punto de sorprenderme. Recientemente respondiendo a una petición por guianza pastoral, he estado buscando la manera de ayudar a otro siervo y muy amado hermano. Su reto particular, me forzó a escavar profundamente en diferentes textos incontables, artículos y comentarios para buscar las respuestas.

La respuesta finalmente vino, pero no vino conquistando el más grande desafío de leer una lista sin fin de textos del seminario, e incluso en libros buscados en las estanterías de las bibliotecas cristianas, o por el trabajo a tiempo completo en un país tercer mundista, sino que simplemente la respuesta vino, atravez del bello rostro de mi pequeño hijo de 2 años de edad.

Es muy fácil predicar acerca de una verdadera confianza en el Señor cuando nos provee el pan diario, pero realmente nuestra confianza viene cuando enfrentamos otro gran “Goliat” mientras nos encontramos (aparentemente solos) en el valle de la vida.

Pero esta mañana Jesús, me dio mi pan espiritual y pastoral, bendiciendo mi corazón con una respuesta increíble a mi petición urgente. Este siervo, mi hermano, ha estado peleando la buena batalla de la fe, mientras trata de escalar una gran montaña (1 Pedro 5:8 ) de confusión y desorden. El ha estado nadando valientemente en contra de un diluvio de aguas turbulentas en contra de desafíos y tiempos de pruebas. Este Tsunami ha estado inundando su pequeña iglesia Bautista del medio Este, en donde asisten con su familia, y esto, está afectando la vida de su extremadamente talentosa y preciosa hija.

Mi hermano ha estado buscando ayuda, y un momento de refugio para su vida, por medio de la ayuda de varios santos y algunos buenos amigos seculares. Sin embargo la tormenta continúa y crece fuertemente cada día. Las olas están rompiendo la proa de su metafórico bote. Como padre, me he sentido identificado con su dolor desde la primera vez que escuche la noticia. Mis rodillas han formado callos por pasar tiempo delante de la presencia del Señor, Pidiendo que le guie con sabiduría. Finalmente, tan solo en esta mañana, El respondió a este humilde siervo (Heb. 4:16)

Cada mañana me acuesto al lado de mi pequeño hijo de 2 anitos. Y mientras hago una pausa para tomar una media hora cada día para estar con mi pequeño, he notado que esta, ha sido una de las más grandes bendiciones que nuestro Padre celestial me ha dado. Mirando a mi pequeño dormir, es una brillante y excesivamente dulzura reflexión que el Todo Poderoso me muestra, (Salmos 8 ) Este momento, trae a mi mente una imagen de como los discípulos de Cristo habían visto a Cristo Jesús dormir en la proa de una barca, mientras se encontraban en medio de una gran y supernatural tormenta.(Mt. 8:25)

Estos hombres valientes, quienes eran pescadores profesionales, descendientes de familias que vivieron en las costas del Mar de galilea, que trabajaron y murieron anónimamente durante generaciones, los discípulos, estaban asustados por sus vidas. Estas aguas que siempre habían provisto para sus necesidades diarias, estaban quebrando la proa de sus pequeñas barcas hasta el punto de trágaselos a cada uno de ellos dentro de las profundidades oscuras.

En este momento, mientras miraba a mi pequeño hijo Noah durmiendo en su almohada, escuchaba el silenciosos susurro del Señor (1 Reyes 19:12), y pude sentir como mi ser era inspirado por la inocente, apacible y dulce figura de mi pequeño descansando en mi regazo. Agradecí a nuestros maravilloso Señor por su vida y le confesé que aquel pequeño, es lo más hermoso que jamás hayan visto mis ojos azules.

Recostado y contemplando el rostro dormido de mi hijo y con mis oraciones aun dirigidas a mi Señor, pude sentir la respuesta a la petición de cómo podía ayudar a mi amado hermano, podía finalmente con esta revelación, ayudarlo a navegar en medio de esta dolorosa tempestad y simplemente imaginando esa tormentosa noche en el mar de Galilea. 13 hombres confinados a una pequeña barca de madera, 12 de ellos asustadísimos, y uno de ellos descansando con mucha paz, el cual era nada más y nada menos que el amado hijo de Dios. Pude imaginarme el pecho respirando agitadamente de Pedro, mientras miraba esas olas embravecidas. Y mientras el terror se apoderaba de él, se volteo para mirar a aquel, que calmadamente dormía en la proa de la barca. Estoy seguro que Pedro, al igual que yo, nunca había visto en su vida algo tan hermoso y tranquilo en este punto en su vida.

Como los fieles apóstoles, cuando las tormentas tratan de hundir nuestra barca de la vida, necesitamos parar un segundo, y mientras dejamos que nuestros ojos dejen por un momento de ver la tormenta, debemos de observar a un lado nuestro, la tranquila y durmiente cara de nuestro Señor. Su “Sueno”, no es negligente, es el sueño de alguien quien confía en la liberación que nuestro Padre nos brinda frente al ataque de las poderosas olas (Jn. 16:33) y nuestra confianza debe están en su liberación y provisión.

Su seguridad y confianza en nuestra victoria le permite, no solo ser un pasajero más, sino también estar durmiendo en nuestra barca.

Una vez más, estoy seguro que cuando Pedro vio el hermoso rostro de nuestro Señor encarnado, su corazón palpitaba aceleradamente y él sabía que todo iba a esta bien. Cuando Cristo reprendió los vientos y las olas (V. 15) inmediatamente ceso la tempestad, el temor en el corazón de Pedro ceso así como cuando fácilmente apagamos la llama de una vela con nuestros dedos.

Ahora sabía las palabras que iba a compartirle a mi exhausto y torturado hermano en Cristo, Jesús no lo había abandonado, y no lo abandonaría y todo lo que él tenía que hacer es posar su mirada en Cristo, y tratar de izar las velas hacia puerto seguro y descansar en el rostro apacible de nuestro Señor. En ese momento, el airado mar de la vida, instantáneamente se calmaría y “Los vientos dolorosos de este mundo” se apaciguaran.

 

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